¡Ya son las ocho de la mañana! y esta mierda de trasporte público es de las cosas más ineficientes que tuvo la indecencia de crear el ser humano. Especie repugnante. Ya parezco Kafka, con su pesimismo asfixiante. Bendito invento los antidepresivos, me mantienen enfocado, me relajan, hacen que vuelva a disfrutar de la música y de cosas tan analógicas, anticuadas y obsoletas como ir a comprar un diario y leer las noticias.
Inteligentes, los editores del diario más leído del país colocaron un título lleno de intriga, que produce ganas de pasar las páginas e introducirse en el relato de la noticia, que, con letras rojas, parece ser urgente y grave: "El leviatán murió y con él deja de existir el poder". ¿Eh? No entiendo nada de nada. Voy hacia la página 16 y, desmenuzando las palabras, me entero que la estructura social de la humanidad fue, desde el inicio de los tiempos, regida por el leviatán, un ente marino descrito en el antiguo testamento. Esta madrugada, el leviatán tuvo una muerte súbita y no se saben las causas; apareció flotando en el océano índico, a unos 20 kilómetros de la isla Diego García.
Mi ateísmo recalcitrante está tambaleando fuertemente, como si un terremoto devastador esté ejecutándose en mi interior. Toda una vida dándole la razón a Marx -"La religión es el opio de los pueblos"- ¿y ahora me vienen a decir que una criatura bíblica apreció flotando en medio del océano? Golpe bajo, otro de tantos. El efecto del antidepresivo se fue directo por un inodoro mental e imaginario. Pero como si semejante zamarreada a mis ideales fuese poco, todavía me queda la incertidumbre de no entender qué es esa afirmación tan rara de "y con él deja de existir el poder". Ya llego a mi destino y no tengo más tiempo de leer el diario. Lo dejo para más tarde.
Siempre agradecí la dicha de tener la oficina en la cuál trabajo a media cuadra de la parada. La gris oficina, llena de gente que vaya uno a saber si quería ser oficinista. Al gerente no le interesa la aspiración de cada uno; solamente quiere la mayor efectividad posible.
Subiendo el ascensor, escucho gritos vehementes que vienen de arriba; raro.
-¿Cómo que el gerente renunció?
-El gerente, el CEO y todos los hijos de puta que le siguen. Bah, en realidad fue contra su voluntad. Ya no tienen poder alguno, sus posiciones ya no tienen sentido
-Pero, ¿Qué pasó?
-El leviatán murió. Supongo que te enteraste
-Si, me enteré, pero es todo confusión
Mi compañero tiene la habilidad de poder bajar a tierra conceptos complicados. Yo dejé la secundaria en segundo año, así que gente así siempre me ayudó mucho.
-A ver si entendí. ¿Entonces durante toda la historia de este planeta hubo una criatura submarina de un tamaño inimaginable encargada de administrar el poder en todas sus variantes?
-Sí. Te repito por cuarta vez que esa cosa es el Leviatán, ¡que por suerte se nos fue!
-¿Cómo por suerte? ¿Ahora qué va a pasar? Si toda nuestra vida estuvimos en un sistema basado en poder
-¡Por suerte eso se terminó a partir de hoy! ¡este sistema es una mierda! ¡el poder es una mierda! ¡estamos en un momento único en la historia: podemos patear el tablero!
-Pero ¿no me dijiste hace un tiempo atrás que lo que hacía falta era que el ejército demostrase su poder y de un golpe de estado para ordenar al país? ¡Poder!, el mismo que acabas de decir que es una mierda
-Sí. Me contradigo. Una mente emancipada se contradice constantemente y se aguanta estas contradicciones.
-¿Qué es emanciparse?
Con un gesto de enojo en su cara, mi compañero se dio la vuelta y se fue de la agitada oficina. A veces me frustra ser ignorante. Enseguida me doy cuenta de que no es mi culpa no haber podido acceder a una buena educación y se me pasa. Mi ignorancia es culpa del poder; puto poder; ¿Cuál poder?
Decidí salir a la calle. Vi caos, que no se como describir con palabras. Todo lo que conocemos como normalidad, completamente desmoronado, derruido, destruido. Personas escupiendo y pateando en el piso a los policías, empleados robando dinero de la caja de sus jefes, sin que estos puedan ejercer autoridad, el presidente hablando en la radio decretando su forzada renuncia; el país sin presidente ni ministros, ni absolutamente nada. El mundo colapsado.
Llegué a mi casa, y mis hijos no me reconocieron ni me dijeron "papá". Soy uno más, ¡y claro! ¡¿cómo no me di cuenta?!, si siendo mayor de edad, siendo padre, siendo esposo, siendo un hombre, ejercí poder toda mi vida, sin tomar conciencia de ello.
El Leviatán murió, y no tengo idea como se sigue ahora, que los cimentos de todo el razonamiento humano desaparecieron. Ojalá pueda llegar a disfrutar de una respuesta, sea mala o sea buena; no importa ya.
-A ver si entendí. ¿Entonces durante toda la historia de este planeta hubo una criatura submarina de un tamaño inimaginable encargada de administrar el poder en todas sus variantes?
-Sí. Te repito por cuarta vez que esa cosa es el Leviatán, ¡que por suerte se nos fue!
-¿Cómo por suerte? ¿Ahora qué va a pasar? Si toda nuestra vida estuvimos en un sistema basado en poder
-¡Por suerte eso se terminó a partir de hoy! ¡este sistema es una mierda! ¡el poder es una mierda! ¡estamos en un momento único en la historia: podemos patear el tablero!
-Pero ¿no me dijiste hace un tiempo atrás que lo que hacía falta era que el ejército demostrase su poder y de un golpe de estado para ordenar al país? ¡Poder!, el mismo que acabas de decir que es una mierda
-Sí. Me contradigo. Una mente emancipada se contradice constantemente y se aguanta estas contradicciones.
-¿Qué es emanciparse?
Con un gesto de enojo en su cara, mi compañero se dio la vuelta y se fue de la agitada oficina. A veces me frustra ser ignorante. Enseguida me doy cuenta de que no es mi culpa no haber podido acceder a una buena educación y se me pasa. Mi ignorancia es culpa del poder; puto poder; ¿Cuál poder?
Decidí salir a la calle. Vi caos, que no se como describir con palabras. Todo lo que conocemos como normalidad, completamente desmoronado, derruido, destruido. Personas escupiendo y pateando en el piso a los policías, empleados robando dinero de la caja de sus jefes, sin que estos puedan ejercer autoridad, el presidente hablando en la radio decretando su forzada renuncia; el país sin presidente ni ministros, ni absolutamente nada. El mundo colapsado.
Llegué a mi casa, y mis hijos no me reconocieron ni me dijeron "papá". Soy uno más, ¡y claro! ¡¿cómo no me di cuenta?!, si siendo mayor de edad, siendo padre, siendo esposo, siendo un hombre, ejercí poder toda mi vida, sin tomar conciencia de ello.
El Leviatán murió, y no tengo idea como se sigue ahora, que los cimentos de todo el razonamiento humano desaparecieron. Ojalá pueda llegar a disfrutar de una respuesta, sea mala o sea buena; no importa ya.